Cuando la memoria te abandona

Últimamente pienso mucho en mi abuela y estoy segura de que es por algo.

Sin ningún motivo aparente, me viene a la mente cada dos por tres. Eso me ha animado a retomar un post que tenía a medias y que no me dio tiempo de terminar antes de que se fuera, hace ya más de cuatro meses.

Últimamente me apetece mucho pensar en ella, hablar de ella…una-boda-en-covadonga

Mi abuela se fue mucho antes de morir.

Llevábamos tiempo notando cosas que no eran normales, pero la certeza de que tenía Alzheimer fue un trago muy amargo para todos. Recuerdo perfectamente dónde estaba y cómo me lo dijo mi madre. Lloré. Lo primero que pensé fue que quería que tuviera un bisnieto cuanto antes. No había cosa que mi abuela disfrutara más en el mundo que los bebés y hacer ropita para ellos. Maru era la persona que mejor tejía del mundo. Tan pulcra y delicada, tan perfeccionista. Sus jerseys parecían hechos a máquina. Varias tiendas de primera fila se daban bofetadas por conseguir vender sus prendas. 

Pero lo que más le gustaba era hacerlo para nosotros. Creo que yo todavía estaba en la carrera cuando empezó a llenar una caja de jerseys para mis hijos. Su ilusión era vestir a mis bebés y apenas le quedó tiempo para disfrutarlos.

Nunca se esforzó demasiado en esconder que tenía una relación especial conmigo. Fui la primera nieta y eso es una ventaja. Recuerdo que cuando era pequeña siempre le decía que la quería más que a mis padres, pero ella me pedía que no dijera eso, e insistía en que tenía que quererles mucho más a ellos. Fue siempre tan generosa. Creo que era la persona más generosa que he conocido.

Los que la conocíais sabéis que no exagero cuando digo que era una persona especial entre las especiales. Sacrificada, entregada, generosa, fuerte… Nació en un pueblo de Asturias y fue educada para ser la perfecta ama de casa. Se quedó viuda con poco más de 50 años y se quedó sola, en una gran ciudad como Madrid, pero nunca se quejó ni lamentó por lo que le había tocado vivir. Siempre logró salir adelante con optimismo, entereza y sobre todo sin hacer mucho ruido. Incluso después de perder varios hijos al nacer, un bebé y otro a los 29 años. Son cosas que siempre he admirado en ella. Lejos de ser una persona triste o aparentemente castigada por la vida, siempre tenía una sonrisa para los demás, una palabra agradable o una cena rica que preparar.en-el-patio-de-nava

De ella me queda el gusto por ser anfitriona y cuidar los detalles para mis invitados, la forma de atarme los cordones de los zapatos, la tortilla de queso, alguna que otra palabra asturiana y muchísimos recuerdos de infancia, pero sobre todo de más de 6 años que compartimos casa durante mi etapa universitaria. Sin duda es una de las personas que más ha marcado mi vida y, aunque llevaba más de tres años sin tenerla, últimamente la echo de menos más que nunca.

Continuamente me vienen recuerdos a la cabeza de los años que pasamos viviendo juntas. Me consuela pensar que le alegré un poquito la vida en sus últimos años de consciencia, pero a la vez me muero de pena al recordar que a veces fui egoísta, que a veces no tuve la paciencia que debía haber tenido y que le podía haber dicho más veces lo mucho que significaba para mi.

Una de las cosas que más me duele es no haber dedicado más tiempo a aprender de ella todo lo que sabía de costura. Puede parecer una tontería, pero tengo la sensación de que haber aprendido de ella, significaría que de algún modo ella seguiría viva. Habría dado algo por que, al menos una de sus chicas, hubiera sabido hacer la mitad de la mitad de las maravillas que ella hacía. Siempre me animaba a que me sentara con ella a aprender, pero nunca me lo tomé demasiado en serio. Cada vez que llevo los vestidos de Julia a coger el bajo, (por no hablar de cuando compro chaquetas de punto) pienso en ella y en lo que me diría. Cada vez que abro el costurero que me preparó con tanto cariño y coso torpemente un botón, me vienen mil recuerdos a la cabeza. Esa habilidad fue una de las primeras que empezó a degradarse. Ella se daba cuenta de que pasaba algo, pero no entendía bien por qué iba dejando de saber hacer cosas que siempre se le habían dado tan bien y que la definían tanto.

En los últimos meses no parecía ella, pero quedaba mucho de lo que fue. Aunque ya no tenía memoria para nadie, se le iluminaba la cara cada vez que veía a mis hijos, me seguía diciendo lo guapa que estaba y hasta el final fue la persona sumisa, conformada y buena que fue siempre. Algo bastante poco común entre las personas con ese tipo de enfermedad.

Llevar a Julia a ver a Maru en los últimos tiempos siempre fue una experiencia que me revolvía por dentro. Era increíble observar cómo si, de manera instintiva, mi niña supiera que la tenía que querer. Como si lo llevara escrito en los genes. Mi abuela nunca pudo ser con ella como era y aún así, Julia la adoraba, le daba besos sin parar, le hablaba aunque Maru ya no contestara y siempre quería pasar ratos con ella. El día que le conté que Bisa se había ido al cielo, me dijo que la echaría mucho de menos. Entendió perfectamente lo que estaba pasando y estaba muy triste por no haber podido despedirse de ella.

Durante toda mi vida adulta había temido el momento en que tuviera que despedirme para siempre de mi abuela. Al contrario de lo que había imaginado, fue algo mucho más natural y sereno de lo que esperaba. Fue incluso un alivio dejar de verla sufrir, o no estar, no darse cuenta, no sentir… pero aunque creía que me había acostumbrado a vivir sin ella hace tiempo, estos días me he dado cuenta de que nunca dejaré de echarla de menos.decoseeker-179

Gracias por todo, Maru. Ha sido un verdadero orgullo ser tu nieta.

María

44 Thoughts on “Cuando la memoria te abandona

  1. María Luisa on noviembre 30, 2016 at 7:19 am said:

    ¡Qué bonito! ¡Cuánto sentimiento!

  2. Sabes? Yo también hecho muchísimo de menos a mi abuela. Y en muchas cosas que has contado, me ha acordado mucho de ella. Creo que las mujeres “de antes” tenían algo muy especial, eran fuertes por naturaleza, dignas de admirar.
    Seguro que tu abuela está muy orgullosa de ti.
    Un abrazo.

  3. Qué bonita eres, María, y qué preciosa Maru. Cuánto amor desinteresado tienen las abuelas para nosotros y cuánto aprendemos de ellas. A lo mejor no aprendiste a coser pero mira todo lo demás que sí fue capaz de enseñarte.
    Un beso muy grande.

  4. Rosalva Hernández Batista on noviembre 30, 2016 at 11:31 am said:

    Hola María, casi no puedo leer lo que te escribo porque tengo los ojos anegados de lágrimas! Qué bonito lo que has escrito, pero sobretodo, qué bonito el amor que sientes hacia ella. Creo que no es necesario que te hubiese enseñado a coser para que sintieras que sigue viva. Estoy convencida de que lo está, en tu pensamiento, en tus recuerdos, y probablemente hasta en el físico o en algún gesto que compartan.

    Mucho ánimo guapa! :*

  5. Belén H. on noviembre 30, 2016 at 12:13 pm said:

    Qué bonito…los abuelos son siempre mi talón de Aquiles…tan buenos, tan entregados…aun tengo 3 y no sé qué haré el día que me falten…

  6. Que bonito todo lo que has escrito! he tenido que leerlo en dos partes, con los ojos llenos de lagrimas, he perdido a mi abuela hace apenas 6 días, y me siento tan identificada….como te han dicho en otro comentario las mujeres de “antes” eran fuerte por naturaleza, así lo era también la mía, y tengo la sensación de haber aprendido tan poco de ella.
    Le has hecho un homenaje precioso!

    • Ufff… muchísimo ánimo! Seguro que has aprendido mucho más de lo que crees… ya verás, piénsalo y seguro que salen miles de cosas. Muchas gracias por tu comentario y un abrazo enorme!

  7. Mer y Mariapi on noviembre 30, 2016 at 12:54 pm said:

    Nosotras nos acordamos tanto de ella !!!!!

  8. Teresita! on noviembre 30, 2016 at 2:12 pm said:

    Que bonito Maria. Se lo he leido a mi abuela y no veas cm hemos llorado…. Me ha servido para darme cuenta de lo que tengo y disfrutar cada momento con ella.
    Gracias por esta ternura! Es un gusto leerte!

    Tu yaya era un amor!❤️

    • Ay, Teresita, qué bonito lo que me dices. Creo que es lo mejor que me podías haber dicho, que te ha servido para darte cuenta de eso. Aprovecha mucho el tiempo con ella y aprende mucho!!!! Tienen muchísimo que enseñarnos. Un besazo enorme y gracias por tu comentario, me ha encantado.

  9. Mar Regueiro Oliveira on noviembre 30, 2016 at 3:41 pm said:

    María, me he emocionado muchísimo leyéndolo, que razón llevas en todo, fue una mujer como pocas. Le habría gustado mucho leer lo que has escrito, sobre todo viniendo de tí, su nieta preferida. Todos los que la conocimos la echamos de menos.
    Ya sabes que yo a Maru la quería mucho y también me dió mucha pena cuándo tu madre me contó lo q tenía.
    Ella, seguro, q desde el cielo nos cuidará.
    Muchos besos!!

    • Nena!!!!!! Muchas gracias, tú también me emocionas. Ella te quería un montón y ya sabes que contaba muchísimas historias de cuando erais pequeñas. Me alegra que te haya gustado. Muchos besos!!!!!!!!!

  10. Ay!me hiciste llorar… qué especiales son las abuelas y qué lujo poder disfrutar de ellas. Entiendo perfectamente ese “no estar”, una de mis abuelas también tiene Alzheimer.. a la otra todavía le queda garra y cada día valoro más el tiempo que estoy con ella y el escuchar sus historias. Quizás también por comparación con la otra. ¿Pero sabes qué? Creo que final lo más importante es todo lo inmaterial que nos llevamos de ellas, todo el tiempo que pasamos juntas y que no volverá a suceder. Confesiones, lloros,risas… Y aunque no aprendiste a tejer con ella estoy segura de que te enseñó cosas muy importantes y buenas. Solo has de buscar dentro de tí. Un beso

  11. Que bonito maría, me has emocionado!!!
    Me has hecho recordar a mi abuelo, con el que tenía la misma relación que describes y también se nos fue antes por el alzheimer 😢
    Besos guapísima

  12. Pedro Regueiro on noviembre 30, 2016 at 6:34 pm said:

    Qué pena me ha dado leer esto Meri, me he emocionado. A pesar de no ser su prefe, me he sentido igual de querido por ella. Hemos tenido mucha suerte de tenerla. El final fue muy triste, pero esto lo olvidaremos y siempre nos quedará lo que fue realmente, una santa!!

    Un beso!!

  13. Carlos B.O. on noviembre 30, 2016 at 7:44 pm said:

    Cuantos recuerdos me vienen, cuanta sana emoción que debemos intentar convertirla en alegría y agradecimiento por todo los que nos han dado. Me emociono al leerte y al escribirte y al imaginarme lo bien acompañada que está con su Juan, con sus seres queridos … y su Paco. Me acuerdo mucho de ella, tan bondadosa, tan generosa, tan discreta, siempre con esa sonrisa. Muchos besos a toda la familia que no tuve oportunidad de daros por el nacimiento de mis peques

    • Muchas gracias, Carlos!!! Tú también me has emocionado a mi… seguro que ahora está mucho mejor que todos nosotros! Lo que os quería a los Basanta!!! Mil gracias por hablar de mi abuela así. Un abrazo enorme

  14. María Ochoa on noviembre 30, 2016 at 10:19 pm said:

    No he podido evitar que se me salten las lágrimas María! Preciosas palabras y sentimientos! ❤️
    Un abrazo!

  15. EVA @porque_mami on noviembre 30, 2016 at 10:29 pm said:

    Maria , como te entiendo! He tardado a leer post ,porque sabía que me iba a poner nostálgica. Mi abuela , bueno yo siempre le decía yaya, era lo más, tengo magníficos recuerdos, pero también tuvo Alzheimer 😔, y se pasa mal, pero cuando tienen esos raticos de lucidez son lo más.
    Un abrazo, quedémonos con el mejor recuerdo

  16. Ay Meri…. 😢😢 yo que he sido testigo de una pequeña parte de Maru doy fe de todas tus palabras… siempre ha sido una mujer especial, cariñosa y atenta conmigo… solo verla daban ganas de darle un gran abrazo.. tú sabes el cariño tan grande que yo la tenía y ya que no supimos aprovechar su destreza para tejer (recuerdas que un día le dije que me enseñase? Y ella ilusionada me dijo que cuando quisiese) y como he tenido la suerte de heredar todas sus lanas y agujas (que no puedo guardar con más cariño ❤️) te prometo que cuando llegue tu tercero tendrá un jersey de Maru, hecho con la lana de Maru y las agujas de Maru, y aunque notarás que no tiene su perfección porque lo habré hecho yo, sí tendrá un poquito de ella…
    haces bien en recordarla, es como debe ser…
    Te quiero

  17. Yo tampoco he podido leerlo sin llorar. Qué grande Maru y qué bonito, Meri. ❤️️❤️️❤️️

  18. Te sigo en instagram desde hace relativamente poco, me ha encantado el post! Yo perdí a mi abuelo hace poco más de un año, 1 mes después de mi boda… no le dio tiempo a disfrutar de su primera bisnieta (yo fui su primera nieta) y no hay día que no me acuerde de él, te acostumbras a vivir sin ellos pero yo creo que nunca se olvidan…

    • Muchas gracias por tu comentario y lo siento mucho por lo de tu abuelo! Hay que pensar que tuvimos la suerte de disfrutarlos hasta muy mayores, hay gente que crece sin ellos… Un abrazo enorme!!! Y mucho ánimo!

  19. Mar Velo on diciembre 3, 2016 at 1:13 am said:

    Maria, que bonito. Me ha encantado. Un beso.

  20. Qué precioso. Me identifico mucho con lo que has escrito. Yo todavía tengo a mi abuela (90 años cumple en un mes) y para mi ella no es una abuela, es otra madre más que tengo. Ella también cose (aunque cada vez menos porque tiene artrosis ya también en las manos) y también viví varios años con ella. Y cuando yo era pequeña, también decía siempre que a quien quería más era a mi yaya.

    Por desgracia también ha tenido una vida dura en muchos sentidos, y sin embargo es una persona alegre con la que da gusto estar. Y muy abierta de mente para tener la edad que tiene. Y me gusta pensar, como ella me dice, que mis niñas y yo somos su mayor motivo de alegría de sus últimos años.

    En enero cumple 90 y está montando un fiestón con toda la familia.

    Espero que el día que falte lo lleve de manera serena, como tú, porque así a priori pienso que cuando pase me quedaré medio huérfana.

    Un beso

  21. Hola María. He dado con tu blog mirando páginas de ropa de niños y me ha encantado. Sobre todo este post. ¿Por qué será que casi todas tenemos historias parecidas con las abuelas? Será porque la juventud no nos deja ver bien que la muerte llega (o no queremos darnos cuenta) y no aprovechamos la cotidianidad, la compañía, la experiencia de la gente mayor. Aunque siempre me sentí muy ligada a mi abuela (también bordaba, cosía, tejía muy bien) la distancia no me permitió disfrutar de ella todo lo que habría querido, y con 20 me parecía que aún nos quedaría mucho tiempo por delante. Ahora a mis 40 y tantos pienso en lo que podría haber compartido con ella. Nunca es tarde para hacerlo con nuestras madres…Gracias por este post tan bonito

  22. Hace días que vi que habías escrito este post y sólo con leer su título sabía que si lo leía me iba a doler… hay días y días para hacerlo y se me quedó guardadito para después, para cuando ese dolor fuera menos doloroso, más dulce y menos amargo. Es como si contaras mi historia con mi abuela, la tuya hace 4 meses que se fue y la mía va a hacer 4, pero no hay día que me sorprenda a mí misma pensando en ella o que un pensamiento sobre ella aparezca en mi. Viví la misma enfermedad, esa dolorosa pérdida de identidad y de conocer a los que tienen a su alrededor, también viví el tenerle que contárselo a mis niñas que eran muy pequeñitas y que aún piensan que es la estrellita que todas las noches nos acompaña al cerrar la puerta de casa…
    Qué bonito escribes y cómo me gusta leerte. Un besazo y mucho ánimo!

  23. Qué bonito María! Me has hecho llorar…
    Yo también perdí a la abuela que más quería, aunque por otra dura enfermedad, y aunque suene raro, me costó mucho tiempo superarlo.

    En mi caso no llegó a conocer a ninguno de mis hijos, y sé que le hubiera encantado, así que quiero pensar que desde el cielo nos estarán mirando y seguirán disfrutando de todos nosotros. 😉

    Un beso enorme!

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